• martes 27 de septiembre del 2022

Culpado a 21 años de prisión por matar y maltratar a su exmujer en Rute (Córdoba) tras separarse

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CÓRDOBA, 19 Sep.

La Sección Tercera de la Audiencia Provincial de Córdoba ha culpado a un hombre, según el veredicto del jurado, como responsable de los delitos de asesinato y castigo frecuente en el ámbito de la crueldad de género sobre su exmujer tras separarse, con la concurrencia en el primero de las agravantes de vínculo y de género y la atenuante de confesión, a las penas de 21 años de prisión, todo ello cometido en la ciudad cordobesa de Rute en 2019.

Según recopila la sentencia, facilitada por el Tribunal Superior de Justicia de Andalucía (TSJA), los jueces imponen una lástima de 20 años de prisión por el delito de asesinato, con independencia observada por diez años, tal como una orden de alejamiento a lo largo de 30 años sobre sus hijos, el hermano de su exmujer y su mujer y también hijos, aparte de la privación de la patria potestad de sus hijos.

Asimismo, fué culpado a un año de prisión por el delito de castigo frecuente, cinco años de privación del empleo de armas, pérdida de licencia si la tuviere o de la oportunidad de conseguirlas, y una orden de alejamiento a lo largo de cinco años sobre sus hijos. También, indemnizará a los perjudicados por el daño ética sufrido por la desaparición de su exmujer con unos 240.000 euros.

Contra esta resolución judicial las partes tienen la posibilidad de interponer recurso de apelación frente a la Sala de lo Penal del Tribunal Superior de Justicia de Andalucía.

En preciso, se da por probado, según con el veredicto del jurado, que el acusado, sin antecedentes penales, se encontraba casado desde 2005 con P.C.R., de cuyo matrimonio habían nacido 2 hijos, a la sazón los dos menores de edad, los que, adjuntado con sus progenitores y hasta el momento en que unos días antes de los hechos se causó la separación física de éstos, radicaban en el concejo de Rute.

Una vez producida esa separación, el acusado se trasladó a vivir a la ciudad de Iznájar. Al poco tiempo de en matrimonio, y mucho más en concreto desde 2011, "fueron usuales las graves desavenencias y fuertes discusiones entre los cónyuges", en el curso de las que el procesado profería "toda clase de insultos y sometía a P. a ocasiones humillantes".

Ello determinó, entre otros muchos aconteceres, que la mujer comenzara a trabajar en una compañía propiedad de su hermano, con origen en Granada, tal como que "tomase la estable determinación de terminar a su relación marital", lo que comunicó al varón en la época de junio de 2019. No obstante, éste, que por este motivo se había mudado a Iznájar, "inútil de aceptar que su matrimonio había finalizado, proseguía acudiendo al residencia de Rute".

Así las cosas, el 1 de julio de 2019, en el momento en que P. C. estaba con sus familiares y sus hijos en Granada, recibió del hombre múltiples llamadas, por medio de las que "la amenazaba a regresar al residencia familiar", cosa que la mujer acabó realizando sobre las 20,30 horas, en el momento en que ahora el acusado estaba esperándoles dentro suyo.

Nada mucho más llegar, empezó entre los dos cónyuges "una fuerte discusión", ya que el acusado se encontraba "convencido de que ella se encontraba influida por su familia para dejarle, y de que, además de esto, tenía una relación plus marital".

Ante "la estable negativa" de P. de proseguir con la convivencia marital, el acusado, "muy contrariado", se fue hacia las 23,00 horas del residencia adjuntado con entre los hijos, dirigiéndose a la vivienda de Iznájar. Una vez en esta ciudad, el acusado "cedió a la iniciativa de que su historia como separado sería bastante peor que nuestra de la relación marital, por realmente difícil que ésta estuviera siendo".

En este sentido, "embargado por esos y otros pensamientos, entre ellos, por la iniciativa de dominación y prepotencia que sobre ella ejercitaba por su condición de mujer, tomó la resolución de matar a P.", enseña la sentencia, precisando que "para esto dejó a su hijo en casa de Iznájar y condujo su vehículo de vuelta a Rute, donde llegó sobre las 1,00 horas del 2 de julio de 2019".

"A continuación accedió al hogar familiar, en el que se encontraba P. C., abriendo la puerta con unas llaves que tenía", añade la resolución, para señalar que "entonces bajó a la planta sótano, donde guardaba herramientas, para tomar un martillo con la intención de garantizar su propósito y de eludir cualquier oportunidad de defensa por la parte de la mujer".

A continuación subió al dormitorio donde descansaba P. C. y, "de manera inopinada, la golpeó dándole tres fuertes puñetazos en la cara mientras que se encontraba en cama del dormitorio". "Rápidamente, y teniendo cancelada su aptitud de defensa, le tapó la nariz y la boca con las manos, instante que aprovechó para propinarle martillazos en el del costado derecho y posterior de la cabeza", apunta la sentencia, que afirma que fueron siete los golpes de martillo recibidos por la mujer, que le provocaron la desaparición.

Después de terminar con la vida de P., el procesado le tapó la cara con su remera y 2 almohadas, se duchó y bajó todas y cada una de las persianas del residencia. Luego despertó a su hija, "que dormía en la habitación anexa", y condujo el vehículo de P. hasta Iznájar para agarrar a su otro hijo.

Tras esto, el acusado llegó manejando a Madrid. Una vez en la ciudad más importante, tras desayunar con sus hijos en una cafetería, se puso en contacto con las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado para informarles de que había acabado con la vida de su mujer y de que ésta estaba en el hogar de Rute. Hasta ese instante absolutamente nadie tenía conocimiento de que se hubiera producido la desaparición de P. C. R..

Además, la sentencia apunta que "a lo largo de su matrimonio, y en cualquier caso desde 2010 ó 2011 hasta el mortal desenlace, el varón sometió a P. C. R. a un tiempo de degradación y sumisión permanentes, en el que se generaban insultos, humillaciones y amenazas, lo que logró que ésta, más de una vez, procurase sin éxito terminar a la convivencia y solicitase asistencia de los servicios sicológicos del centro de la mujer".

Dichos servicios apreciaron en ella "signos compatibles con una situación de castigo psicológico, propio de la mujer que en un tiempo de dominación ejercida por el varón es inútil de huír del mismo, discutida entre los temores y los inmotivados sentimientos de culpa". "Fueron múltiples las ocasiones en que se interrumpió la convivencia, por encontrarse inmersa P. en una enorme perturbación sensible y anímica que la persistente conducta del hombre le provocaba, pero aquella, sumida en esa espiral absorbente, permitía en reanudarla", dan a conocer los jueces.

Durante la instrucción de la causa, el acusado ha manifestado en tres oportunidades su intención de poner todos y cada uno de los recursos que tiene predisposición de los perjudicados, realizando sobre esto últimamente un acta notarial de manifestaciones. Los progenitores de P. han renunciado a cualquier clase de indemnización. No de este modo su hermano y los hijos de aquella, de 13 y nueve años de edad, que viven acogidos y también integrados como hijos bajo la custodia del hermano de la mujer asesinada y su mujer.

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